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A favor del proceso de paz en Colombia se aprobó, en enero de 2016, una resolución en la Eurocámara, reunida en Estrasburgo. Que los 751 diputados estuvieran de acuerdo, y no fuera necesario ni votarla, fue histórico.

“Detrás de esa resolución había muchísimos años de trabajo. Desde antes de que se iniciara el diálogo entre las FARC y el gobierno colombiano, las organizaciones pedíamos un pronunciamiento del Parlamento a favor de la paz. Si bien la resolución fue importante para mostrar el apoyo de todos los partidos, llegó en un momento en que ya el mundo entero se había pronunciado a favor”, así recuerda Vicente Vaillies, entonces portavoz de la plataforma Oidhaco (Oficina Internacional de Derechos Humanos – Acción Colombia), que agrupa a treinta organizaciones europeas e internacionales.

El Parlamento Europeo aprobó por unanimidad apoyar el proceso de paz en Colombia. DW recogió opiniones sobre cómo se logró, las fortalezas y debilidades de la resolución y el proceso mismo. (20.01.2016)

Oidhaco venía abogando por los derechos humanos y la paz en el país desde hacía casi dos décadas. “Sentimos tanto para los gobiernos como para los parlamentarios que se llegó al momento de no retorno para poder involucrarse con este proceso. Lo que pedíamos era que se mojaran cuando había riesgos de no poder seguir adelante. Para nosotros fue una victoria agridulce”, comenta en Bruselas Vaillies a DW.

Unánime, por diferentes motivos

Para ese momento, la Alta Representante de la Política Exterior Europea, Federica Mogherini, ya había nombrado a Eamon Gilmore su enviado especial para el proceso de paz colombiano.

Justo siete meses antes, en Bruselas, en la sesión anual de la Asamblea Parlamentaria Eurolat –que desde el 2006 reúne a 75 diputados europeos con 75 latinoamericanos– a una representante de organizaciones de víctimas del conflicto armado no se le permitió hablar por sospechas de que representara la voz de las FARC. Se adujo problemas de agenda.

¿Qué significaba esto?  “Al momento de esa votación unánime, cada grupo político lo hizo por diferentes motivos. En todo caso, no creo que todos consideraran a los excombatientes como un actor político a respetar”, apunta Vaillies. Con todo, “en esa resolución se habló de la necesidad de acabar con la impunidad y de otros asuntos muy importantes en ese proceso”, agrega.

Tocar a todas las puertas

Que desde los más conservadores hasta los grupos más a la izquierda votaran a favor de esta resolución es una cosa que no se ve a menudo en el Parlamento. Lograr sensibilizar sobre temas latinoamericanos –sobre todo de derechos humanos– a eurodiputados que no tienen un electorado a quien rendirle cuentas es un trabajo muy arduo. Hay que ser muy convincente.

“Intentamos hablar con todos”, recuerda Vaillies, “desde el Partido Popular, los liberales, los socialistas, los verdes y la izquierda. A la puerta de la ultraderecha xenófoba nunca tocamos. En todos los grupos siempre encontramos alguien con sensibilidad para temas de género, de impunidad, de desplazados que nos escuchara”.

¿Y entonces? Dado que el Parlamento Europeo tiene funciones legislativas, presupuestarias y de control hacia las instituciones europeas, el ámbito en donde pueden ejercer influencia en temas latinoamericanos es el control. “Las preguntas que un diputado o un grupo de diputados puede hacer al SEAE es un mecanismo interesante”, cuenta Vaillies.

Dirigidas al Consejo, a la Comisión o a la Alta Representante de la Política Exterior Europea, en caso de que un mínimo del 5% del total de eurodiputados la firme, esta puede generar un debate en la sesión plenaria (una vez al mes, en Estrasburgo). De un debate puede salir una resolución. O no.

Mayorías para resoluciones

Este fue el caso del debate en enero de 2018 sobre el proceso de paz en Colombia. En un momento en que peligra por la nueva escalada de violencia, la experiencia de 2016 no se pudo repetir. “En el debate quedó claro que ni el Partido Popular ni los liberales querían resolución. Adujeron no querer injerir en el proceso electoral”, apunta Vaillies.

Como fuere, desde mucho antes del “proceso”, el conflicto colombiano y la situación de los derechos humanos dio mucho de sí para las actividades de la Eurocámara.

En aras de la aprobación del Acuerdo de Libre Comercio con Colombia y Perú, en las diferentes comisiones parlamentarias –derechos humanos, comercio internacional, desarrollo, género–, desplazados, grupos armados guerrilleros y paramilitares, desaparecidos, minorías nutrieron ardientes debates. Pero no Resoluciones. Con todo la presión de grupos que querían ver avances en derechos humanos antes de firmar un acuerdo llevó a la redacción de una “Hoja de Ruta”.

Se trataba de compromisos (no vinculantes) que asumieron los gobiernos de Colombia y Perú para mejorar las condiciones de derechos humanos y derechos laborales. Esta, según Vaillies, resultó inútil: aunque existe un comité de seguimiento de los acuerdos comerciales (anclado en el Comité Económico y Social) –también para temas medioambientales y de derecho laboral–, velar por los derechos humanos no es de su competencia.

Manifestaciones en Bogotá por el proceso de paz en junio de 2016.

No obstante, en conversaciones con organizaciones de la sociedad civil colombiana, alguien recordó la difunta Hoja de Ruta en una visita a Colombia de la Delegación para las Relaciones con los Países Andinos (un grupo que, conformado por parlamentarios de todos los grupos, se especializa en determinados países) y de la comisión de Comercio Internacional.

¿Hay eco en la Eurocámara de esos compromisos del 2012?  Se verá en el informe, otro de los instrumentos donde aterrizan los temas latinoamericanos en el Parlamento Europeo. ¿Qué pasa después? “Poco”, responde Vallies, “es un trabajo muy frustrante, no hay seguimiento”, concluye.

Fuente: Deutsche Welle